Hoy me levanté a las 4:45am porque es el día más fácil en los periódicos, ya que son poquitos (130) y flaquitos (0.7cm). Los sábados me levanto una hora antes ya que son el triple en número y en grosor. Me toma 10 minutos ponerme encima el calzoncillo largo, la franela, la sudadera, doble media, tenis, el impermeable, la cosa para las orejas y el gorro de ampón. No volví a llevar bufanda porque es un camello mantenerla amarrada al cuello y además porque me la tumbaron en la oficina de los periódicos. Cuando voy saliendo de nuestro cuarto puedo ver el reflejo de mi poderosa imagen en el ventanal que da a la calle y digo: "mierda, parezco una combinación entre astronauta y caco de la Caracas con 17".
Abro cinco puertas en total antes de llegar al parqueadero de bicicletas y me doy cuenta de que se me olvidó la llave del seguro de la bici. Entonces vuelvo a abrir las cinco puertas, subo los 25 escalones hasta el cuarto, regojo las llaves y vuelvo a bajar. Instalo la luz de la bici y cruzo la última puerta, y entonces es cuando puedo sentir la agradable caricia de las heladas brisas provenientes de estas bellas e históricas tierras vecinas del Mar del Norte y digo: "mierda..., pero bueno, al menos no está lloviendo". Para otro día dejo la historia de cuando había tormenta de nieve.
Después de 11 minutos de constante pedaLeo llego a la oficina, que más que oficina parece más bien un salón de recicladores. Tilak, el jefe, un bangladeshano (o bangladeshiense?) que no sabe hacer nada pero habla 4 idiomas y que tiene un aroma a caseta de celador de barrio, me entrega el reporte del día anterior: Un "wij" y un "at", y lo mejor de todo: ningún "klachten". En cristiano: uno nuevo, uno suspende y nadie se quejó. Mis periódicos ya están listos, los pongo con gran maestría en las bolsas de la bici (se requiere un entrenamiento de por lo menos 1 mes para que no se le caiga a uno la bici durante este proceso, con la correspondiente burla de 3 taiwaneses, 4 nepalíes y un pakistaní). Como los chinos nunca se dan cuenta de nada pues no se ríen.
Después de 18 minutos y después de cruzar 7 canales, dos iglesias y dos túneles llego por fin a la primera casa de los holandecitos que quieren estar informados. En Bajulstraat, para la casa dos, el periódico es el Volkstrant y para la ocho es el Ad Haagse Courant. Y digo: "mierda... qué capacidad intelectual tengo...ya no necesito mirar la lista. Que templado soy... hasta dónde me llevará mi inventiva, mis aptitudes, mis...ah puta!". Claro, por andar pensando huevonadas se me olvidó poner el Vk en el 14 y el Ad en el 6.
El viejo del treintainueve de la calle de Zaaier siempre está despierto y esperando el periódico como drogadicto ansioso. Y lo peor es que toma el periódico y mira el reloj. Entonces pienso: "No jodás... métase a la cama más bien, viejo marica." Lo mismo me pasa con la vieja del trentaisiete de la calle del Polder, que a esa hora está en pie porque le está preparando la comida a tres gatos, que están esperando afuera en la puerta. “Es que no tiene nada más que hacer, mija? Todavía estuviera buena, pero ni eso...”. Por lo demás todo bien. Los camajanes de 2x2 sacando a pasear a perritos falderos todos fifís que los hacen quedar como homosexuales ya ni siquiera merecen un comentario.
Después de 78 minutos de recorrido, finalizo con un Ad en el once del Zuidpoldersingel y con una manzana que tengo encaletada debajo de toda la indumentaria y que me como a manera de recompensa. Al cabo de otros 13 minutos estoy llegando nuevamente al edificio que me acoge en este bello país del primerísimo mundo, no sin antes ser visto como bicho raro por todas las personas tan educadas y decentes de ojitos claros y pelito amarillo de este hermoso y frío país, y pienso: “mierda, si ya sé que parezco un astronauta...y eso que menos mal no conocen la Caracas con 17...”. Insisten en mirar mi atuendo y entonces pienso: “...a mí si me parece que está haciendo frío así ustedes vayan sin guantes ni gorro... paaaaridos”.
Llego a las 7 de la mañana pero todavía es de noche. Abro la puerta, parqueo la bici, abro las otras cinco puertas, subo los 25 escalones, abro mi cuarto, me quito el disfraz, tomo una ducha, me hago un cafecito (árabe, pero ni modo) que combino con una tortica del Aldi (supermercado alemán para inmigrantes tercermundistas). Luego enciendo el computador para perder el tiempo escribiendo estupideces antes de proseguir con los avances científicos que revolucionarán el mundo.
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